
Tenéis toda la razón. La verdad es que me he puesto a escribir como una loca, sin poneros en antecedentes. La mayoría me conocéis, pero muchas otras todavía no lo suficiente como para conocer mi peculiar historia. Por ello, y para que no tengáis que iros muy atrás leyendo posts, voy a contar la historia paso por paso. =) Puede parecer largo y coñazo, pero prometo que es entretenido.
Todo empezó en el cumpleaños de una de las chicas con la que más problemas he tenido durante los años que estuve con ella en la universidad. Me invitó a su cumpleaños. Cumpleaños al que no iba a ir, lógicamente. Tenía un concierto de un grupo que me encanta, y decidí que iba a disfrutar de él a tope con dos compañeras del trabajo. La noche se truncó cuando a las dos canciones, el concierto fue suspendido por problemas de la sala. ¿Y AHORA QUÉ? ¿Dónde vamos a las 2 de la mañana? Pues... al cumpleaños de esta niña.
Allí nos plantamos, más anchas que panchas. A fín de cuentas ¿qué podíamos perder?
Mis compañeras se cogieron un pedo muy considerable, y tuvieron que irse. Y allí me quedé yo. Sola, abandonada y en la fiesta de alguien a quien hacía más de un año que ni siquiera saludaba. Entonces alguien vino por detrás y me plantó un sombrero en la cabeza. Ahí comenzó todo. Roberto, como le asigné después de que me dijera "Yo me llamo como quieras, ¿de qué me ves cara?", me hizo pasar una noche muy animada hablando de música, publicidad y de cómo cambiar el mundo. Me hacía mucha gracia aquel chico delgado, con voz demasiado aguda, que había decidido acercarse a mí dejando al resto del grupo a un lado.
((Él es el de la foto, y ella... no soy yo. Claro está. Es una de sus "amigas". Eso es otro capítulo))
Todo empezó en el cumpleaños de una de las chicas con la que más problemas he tenido durante los años que estuve con ella en la universidad. Me invitó a su cumpleaños. Cumpleaños al que no iba a ir, lógicamente. Tenía un concierto de un grupo que me encanta, y decidí que iba a disfrutar de él a tope con dos compañeras del trabajo. La noche se truncó cuando a las dos canciones, el concierto fue suspendido por problemas de la sala. ¿Y AHORA QUÉ? ¿Dónde vamos a las 2 de la mañana? Pues... al cumpleaños de esta niña.
Allí nos plantamos, más anchas que panchas. A fín de cuentas ¿qué podíamos perder?
Mis compañeras se cogieron un pedo muy considerable, y tuvieron que irse. Y allí me quedé yo. Sola, abandonada y en la fiesta de alguien a quien hacía más de un año que ni siquiera saludaba. Entonces alguien vino por detrás y me plantó un sombrero en la cabeza. Ahí comenzó todo. Roberto, como le asigné después de que me dijera "Yo me llamo como quieras, ¿de qué me ves cara?", me hizo pasar una noche muy animada hablando de música, publicidad y de cómo cambiar el mundo. Me hacía mucha gracia aquel chico delgado, con voz demasiado aguda, que había decidido acercarse a mí dejando al resto del grupo a un lado.
¿Flechazo a primera vista?
No por mi parte, o al menos eso creo. Tardé dos días en contestarle al sms del día siguiente. Y un día y medio en contestar su segundo sms. Cansado de esperas interminables decidió dar el paso de invitarme a una cena del grupo de amigos. Cuando me quise dar cuenta estaba subida en su Mercedes SLK AMG, paseando por la Castellana descapotados en pleno mes de Diciembre. Increible, pero cierto.
Habiéndome visto unas 3 ó 4 veces. El día 2 de Enero bajó a Alicante a visitarme. Desde entonces, hasta hace un mes: NO NOS HEMOS SEPARADO.
Hace poco más de un mes, cometí un error. Lo perdí. Todo se enfrió. En un mes no nos vimos más que para darnos todas aquellas cosas que él tenía mías y yo tenía suyas. No quería verme, no quería hablar conmigo. Se escudaba en decirme que el vernos era una tortura, y que no quería seguir sufriendo por ello. Hace una semana, quedamos. Acordamos que íbamos a volver a intentarlo. Muy poco a poco. Despacito y con buena letra.
Todo está resultando insostenible, porque aunque ambos notamos que nos gustaría ir más rápido y volver a llevar la vida que llevábamos (vivir juntos, estar juntos...), sabemos que si retomamos la relación sin arreglar todo aquello que nos hacía discutir, volveremos a sufrir.
Cuando notamos que el ambiente se pone tenso, y vamos a dar el temido paso, nos alejamos. Poco a poco, nuestro corazón nos dice que debemos seguir ahí, intentando soportar el paso del tiempo. Aprendiendo y corrigiendo. Pero siempre terminamos por alejarnos, y tener que empezar de cero.
Ahora mismo, nos encontramos en la parte del distanciamiento, después de que antes de ayer me dijera que le encantaría dar el paso y volver a estar conmigo, pero que no podía.
Se va de viaje con sus amigas, intenta alejarme de ellas... y yo... ya no sé si es mejor tomar la iniciativa del distanciamiento total y absoluto para que ambos podamos rehacer nuestras vidas y ser, por fín felices. Tal y como lo fuimos durante la mayor parte de nuestra relación, pero con otras personas a nuestro lado, e intentando pensar que nada ha ocurrido entre nosotros.
Por ello, ahora mismo estoy hecha un lío. Conmigo misma, con mi cuerpo, con mi corazón y con mi cerebro.
No me siento bien.



